domingo, 25 de septiembre de 2011
Sueños de domingo
Instalé, bah me lo instaló Marina y yo hoy lo puse en funcionamiento al Google Chrome (no sé si está bien escrito pero se entiende no?) con la única ilusión de que se me mantuviera la imagen que siempre puse de fondo de pantalla, que empezó a desaparecer cuando ella me instaló este buscador y resulta que sigue desapareciendo. La subo, dura un rato, media hora más o menos y vuelve a borrarse y me queda todo el escritorio negro. No me gusta! Con la cantidad de imágenes que yo tengo, una más linda que la otra y no poder poner un fondo de pantalla porque desaparece, me da mucha rabia.
Bueno, fuera de eso quiero decir que estoy muy contenta de cómo quedó el diseño de este blog, quizás un poco chiquita la imagen de cabecera, pero me gustaron mucho los colores y ese dibujo donde hay de todo un poco, no sé a mí me gusta, era eso o una imagen de playa y palmeras y ya me parece muy trillado.
Dios! otra vez ese sueño que me tira! Ya estoy cansada de esos medicamentos. Acaban de traerme las carne para cocinar, no tengo ganas, me comí un yogur y si estuviera sola con eso no más me iría a dormir una linda siesta de domingo. Pero no, tengo que ponerla a la parrilla de la cocina porque Marina seguro quiere comer.
Además, yo ahora no tengo hambre pero si me pongo a cocinar y empiezo a sentir el olorcito de la carne asada ya me da apetito y no puedo decir que no a un pedacito de ella y así me salgo de la dieta, del comer sin sal y de todo lo que me está prohibido.
Pero bueno, qué otra cosa puedo hacer en un domingo primaveral pero sin ningún lugar adonde ir que sea más agradable que mi casa? A ninguno, porque en principio debería tener un auto y quien me lleve, que en tren de soñar debería ser mi pareja, luego, debería estar bien de salud y no con este sueño provocado por medicamentos que me decaen totalmente, además también debería estar mucho más delgada para no sentirme con la autoestima baja y verme gorda, en una palabra, tantas cosas deberían cambiar que la verdad veo realmente imposible que yo vuelva a tener algún día la posibilidad de salir a comer afuera y hacer un plan de salida de domingo nuevamente en mi vida.
Y eso la verdad me decae más y me pone triste, porque parece que la vida se me terminó, y en algún sentido es así. Yo veo como mucha gente que me rodea, sin ir más lejos mis vecinos, se reúnen en familia con sus hijos, sus yernos, sus nietos, sus amigos comunes de toda la vida, acarrean fuentes con comida y sillas para que alcancen en lo de la hija y pienso, por qué no me pasó eso a mí. Por qué en lugar de crecer mi familia se achicó casi al mínimo? Porque la verdad mi familia somos únicamente mi hija y yo, a mi mamá ya no la considero porque no estamos nunca juntas, porque está enferma de la cabeza y por eso discutimos mucho, porque vive lejos y no podemos vernos nunca tampoco y porque la verdad no me siento cómoda con ella.
Con la única persona que sí me siento bien, siempre que no me pida que le cocine, es con Marina, mi hija menor, mi nena linda y compañerita de vida. La mayor, mi Noelia, mi dulce petichita, se me fue hace rato, casi diecisiete años ya al Cielo junto con Jesús y no tenerla conmigo significa un enorme vacío que a esta altura no sólo es su ausencia, sino la de toda una familia que ella hubiese formado. Yo tendría un yerno, dos o tres nietitos, y quizás con ellos aquí el abuelo no se hubiese ido a vivir con otra mujer, una desconocida, una intrusa en la vida de nuestra familia. En fin, allá ellos, actualmente, sin Noelia, no me importa, ni me interesa que hagan esos dos, preferiría sí tener como pareja a Juan Carlos, el hombre que realmente quise toda mi vida, aún cuando estaba casada con Tito, a pesar de que le fui fiel, yo siempre estaba pensando en Juan Carlos porque fue el hombre del que me enamoré de adolescente y nunca más pude olvidar.
Ahora nos comunicamos por teléfono y hasta existe la posibilidad de que volvamos a vernos, pero sinceramente a mí ya no me entusiasma demasiado porque no me veo en condiciones de enfrentarme a él. Pensar que tuve tantos momentos buenos en mi vida, en cuanto a lo estético me refiero, años que estuve joven, delgada, linda y sana, lo cual hacía que a pesar de que mi matrimonio nunca funcionó yo me sintiera feliz con mis hijas, mis estudios, en fin, una mujer normal. Ahora no, ahora ya no lo soy y creo que no debo quitarle a él la imagen de linda mujercita en ciernes (como me dijera una vez otro noviecito de la adolescencia, ja ja parece que tuve varios no? Y sí... pero eran esos de antes, los de los besos y nada más... en serio... os lo juro!) que fui y que vea ahora esto que dejó el paso del tiempo en mí como lo hace en toda la gente.
Aunque tengo que ser sincera en todo sentido, si bien yo ya soy una mujer madura, doy mucha menos edad que la que tengo. Inclusive la semana pasada un remisero que me llevó a hacerme estudios del corazón a Favaloro, me dio (yo creo que exageró) pero me me dijo que le parecía casi veinte años menos!!!!!! Yo me quedé estupefacta, lo que pasa es que no me vio de cuerpo entero y lo que doy mucho menos es la cara, sigo teniendo cara de nenota y encima tengo el pelo largo y me lo peino con hebillitas en los costados, pero la verdad no es para hacerme la nena, es porque me molesta el cabello en la cara. Ese día inclusive estaba sin maquillage, porque como hace un tiempo estoy deprimida, ya hace bastante que no me maquillo y yo pienso que eso me hace más vieja pero parece que no, que así nomás al natural, parezco más joven.
En definitiva, que hoy el día se presta para un paseo en auto, a un lugar donde se vea el sol y la brisa acaricie el pelo porque es tibia y donde uno pueda socializar con otra gente (cosa que me tendría que volver a acostumbrar) y luego dar una linda caminata por la Costanera Sur por ejemplo, y llegar hasta la Reserva Ecológica y allí llenarse de naturaleza en medio de la ciudad.
O sino, quizás lo mejor hubiese sido salir en auto temprano con el equipo de mate en una canasta, con mi supuesta pareja, (en realidad no tan supuesta, Juan Carlos) e irnos a algún pueblo cercano de la Provincia de Buenos Aires. Almorzar en un lindo bodegón, y luego salir a recorrer y a la tarde pararnos en algún lugar con pastito y sentarnos a tomar mate y hacernos mimos.
A la tardecita, después de un día hermoso de almuerzo, mates, sol y amor, volvernos despacito a Buenos Aires. ¿Qué tal? ¿No es mejor este sueño que la realidad de mi hija enrostrándome por qué no compré yogures y frutas que no va a haber para mañana? Ufffff!!!!!!
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